La doméstica perfecta

“Yo quiero a una cocinera que cocine delicioso”, “yo quiero a una empleada que limpie perfecto”, “yo quiero a una nana que casi que sea maestra de pre escolar”; son comentarios que he escuchado. Lo cómico (o no tan cómico) de esto es que la que cocina divino, sufre mal humor. La que limpia perfecto, no cocina ni el huevo frito; y la que nana que es maestra de pre escolar no se lleva con la (s) otra (s) empleada (s) de la casa y hay problemas de convivencia que son tediosísimos estar lidiando en nuestra propia casa ¡Qué lío! Y es que en verdad, NADIE es perfecto.

No existe la doméstica perfecta, así que entre más rápido aceptemos eso, mejor nos va y menos malos humores vamos a agarrar…

Dicho esto, hay gente que llega a nuestra casa y parece perfecta. Todos damos lo mejor de nosotros al inicio, así como cuando estábamos en etapa de enamoramiento con nuestros novios, así. Luego, empiezan a salir las brujas, las personalidades salen a relucir y nosotras, como dueñas del hogar que queremos que ande perfecto nos comenzamos a desesperar y queremos cambiar a la persona que nos cuida nuestra casa. Me ha pasado.

Hay límites para todo y cada quien sabe qué se aguanta y qué no. Aquí es donde entra nuestra inteligencia emocional y empezamos a sopesar lo bueno de lo no tan bueno: “te quiero, a pesar de…” Claro, que con límites, por eso digo que cada quien sabe hasta dónde llega. Como todo, hay cosas no son negociables (maltrato a niños, maltrato a mascotas, deshonestidad; al menos para mi estas son cosas intolerables).

Te dejo un par de consejos, que en mi experiencia, me han ayudado a mantener poca rotación de empleadas domésticas:

  1. Escoger las batallas. Esto yo lo aplico en todo en mi vida. Con mi marido, mi hija, mi familia y la doméstica. Hay cosas que merecen lucharse, en mi caso es el uso de las benditas tablas de picar. Una para las carnes y otra para los vegetales. El orden en la refrigeradora no es negociable y que se pierda la comida, tampoco. Pero hace poco, compré un kilo de sal rosada y un tarro de aceite de aguacate, para mejorar ciertos hábitos en mi casa. Wow! qué lucha con la sal y el aceite. Mi cocinera LOS ODIA. Yo no voy a ponerme a pelear ni a repetir como un papagayo que usen la bendita sal del Himalaya. Mi paz mental vale más y usaré la sal cuando yo cocine pues…
  2. Entender que nuestras empleadas tienen vida personal. Usualmente, una mala cara, una respuesta no muy amable de parte de ella, significa que se siente mal o tiene algún problema en su casa. Desde una hija enferma hasta problemas de seguridad en su país que atentan contra el bienestar de sus familiares. La vez pasada, la señora que trabaja en mi casa y yo tuvimos varios días en que no nos estábamos llevando…por más que yo veía el asunto desde todas las esquinas, como que no…lo que me llevó a sentarme con ella y entender qué es lo que estaba pasando antes de decidir reemplazarla. Su mamá estaba muy enferma. Lo que pasa es que muchas veces, por vergüenza no nos hablan de sus problemas, no nos quieren embolatar o piensan que nosotras no nos vamos a interesar. A veces lo único que necesitan es un oido que las escuche. Preguntar cómo esta todo, cómo esta su familia, cómo les va a los niños en la escuela, cómo amanece…hace toda la diferencia y no nos cuesta nada.

Como segundo punto en esto de la vida personal, es que los días de descanso son súper importantes para ellas. Muchas viven en nuestras casas full-time porque no tienen donde más vivir, otras salen una vez al mes y otras cada quince días, hay de todo; pero lo importante aquí es que no todo sea trabajo, uno necesita despejarse de algo que hace todos los días, todo el día. Que se tomen sus días de descanso como se debe es vital.

3. La tolerancia. La mayoría de nuestras domésticas son de otro país. Costumbres distintas, sazones distintas, acentos distintos, formas de decir las cosas distintas (mi empleada le dice tacos a lo que yo le digo flautas, nos hemos equivocado y cocinado lo que no es 😄). A veces yo le digo: “Vamos a hacernos un zapallo al horno para el almuerzo”, a lo que ella me contesta: “Ok, voy a hacer el ayote”. Ayote será. (Ayote es zapallo o calabaza en Nicaragua).

Espero que estos consejitos les funcionen en caso de que tengan mucha rotación en sus casas. Es agotador tener a diferentes personas entrando y saliendo cada mes.

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